La apacible Maastricht no sólo es famosa por el tratado de la Unión Europea sino también por ser la ciudad holandesa más cercana a Bélgica y Alemania donde se vende cannabis legalmente en establecimientos autorizados.
Atrapada en una pequeña península entre sus vecinos, recibe al año dos millones de visitantes atraídos por el denso humo de sus coffee shops. Así, y pese a los 250 millones de euros de ganancias que generan estos establecimientos, el número de turistas de la droga ha llegado a hartar a los 120.000 habitantes del municipio. Cansados de los atascos y broncas nocturnas, las autoridades locales han decidido poner fin a la avalancha y, desde el sábado 1 de octubre, el acceso a estos bares está limitado a holandeses, belgas y alemanes. Nada de franceses, españoles o italianos que se han demostrado más revoltosos y, además, vienen a contaminar con sus vehículos y malos humos la pacífica vida de la ciudad holandesa más antigua.